LLEGÓ EL TIEMPO DE LAS IGLESIAS DE EXCELENCIA

Pastor Moisés Silva

Iglesia Nueva Creación de Loncoche, Chile

Cada vez que tengo la oportunidad de participar en eventos como el ocurrido este fin de semana, en el marco de un encuentro zonal de La Red del Camino, en el sur de Chile, específicamente en Loncoche, los días 3,4 y 5 de febrero de 2012, se me vuelve a cruzar un pensamiento que ronda en mi mente desde hace tiempo. Más aun, cuando Dios nos permite tener un encuentro tan especial como este, donde compartimos con gente tan linda y con anhelos tan profundos de trabajar para el reinado de Dios. Personas llenas de dones y talentos.


Dicho pensamiento guarda relación con un proyecto que está siendo implementado en nuestro país relacionado con la formación de colegios de excelencia. Todo ello, impulsado por el gobierno de turno y que representa principalmente los intereses del empresariado, o al menos encarna sus valores, por decirlo de alguna forma, donde se aglutina gran parte de la clase social de estratos altos de nuestro país. Clase, que por cierto, ha tenido un incremento abismal en sus niveles de ingresos, versus la gran mayoría de nosotros que debemos conformarnos con sueldos muy bajos y largas jornadas de trabajo, resultando esto, en una distribución de los recursos sumamente injusta y deshumanizante.


Sin desviarnos del tema, laidea central de estos colegios de excelencia radica en juntar a los mejores estudiantes en cuanto a resultados académicos de cada lugar, para aglutinarlos en dichos colegios, con fuertes inyecciones de recursos. Al parecer, el fin último es entregar al país jóvenes más desarrollados e instruidos a esta  maquinaria mercantil. Pero es aquí donde se comienza a producir, según mi modesta opinión, un serio problema, o mejor dicho, se ahonda el problema que estamos viviendo  en nuestro país. Dicho problema radica que los menos capacitados, dotados o el nombre que quiera usted darle, van quedando cada vez más marginados del llamado avance y progreso social, ya que, solo unos pocos son depositarios  de tales avances. No es ningún avance juntar a los mejores de los mejores, alimentando sus capacidades. Con ello, solo lograremos tener mejores índices focales en dichos establecimientos, para mostrarlos y exhibirlos como propaganda gubernamental, queriendo justificar con ello, las erradas políticas de mercado que reinan en nuestra educación,  y por otro lado dejando a la mayoría de  los estudiantes a la vera del camino, y peor aun, teniendo que lidiar con la etiqueta de ser los menos capaces y útiles.

 

Volviendo al tema propuesto en el titulo de este comentario. ¡Qué maravilloso seria juntar a todos los lindos, dotados  y capacitados hermanos con los cuales compartimos este reciente fin de semana! Piense usted ¡Qué fantástica Iglesia podríamos formar!, al juntar a los mejores o al menos a todos los que están trabajando sin descansar en sus respectivas congregaciones y que ejecutan un liderazgo, no para ser vistos ni publicitados. Imagínense juntar a los mejores músicos, las mejores voces, los mejores predicadores, los de mejores ideas e iniciativas, los que sin necesidad que los manden trabajan con un compromiso único, los mejores organizadores, los mejores equipamientos, edificios y presupuestos para cada departamento de trabajo etc.  Juntar a aquellos que sirven solo por el placer de trabajar para Dios y las personas que nos rodean, entregando lo mejor de sus vidas. Nada más y nada menos que juntos. ¡Guao! ¡Qué Iglesia seria esa! Se terminarían las peleas internas, los hermanos ociosos, o los de mala leche, que siempre chaquetean[1] a los que quieren trabajar. Los que nunca aprenden, o los que nunca hacen nada productivo dentro de las congregaciones y cuantos otros beneficios más que podríamos enumerar. Quizá no sería la iglesia perfecta en el sentido estricto de la palabra, pero sí sería una iglesia donde muchos quisieran estar.  


No obstante lo dicho hasta aquí, es dentro de esta realidad de iglesias en las que vivimos, donde aparece la bendita Gracia de Dios, que en su infinita sabiduría y misericordia distribuye y  dispersa  a su pueblo por todas partes, repartiendo unos pocos por allá, otros pocos por acá, para que en todo lugar siempre haya desarrollo y progreso No es que me crea el cuento, de que quienes estuvimos juntos en este reciente  encuentro seamos los mejores, sino que creo que el Dios que nos llamo y que habita hoy en nosotros nos hace cada día mejores personas. En ningún caso por meritos propios, ni para nosotros mismos.


Pienso que deben haber muchísimas razones del porque Dios nos mantiene así dispersos, distribuidos por todo este planeta tierra. Quizás, una de ellas, sea  que Dios se perfecciona en medio de las debilidades en las que desarrollamos “Su Misión” y su misericordia se hace aun más evidente en medio de la necesidad de su gracia, característica de los que somos llamados a caminar con él.


En cambio, la realidad es que, todos o al menos los que estamos en Iglesias “normales”, vivimos lidiando en medio de  apatías y desganos, en medio de contradicciones y disputas , con peleas y luchas de poder, donde las deslealtades son pan de cada día. En resumen, en medio de lo inherente al ser humano imperfecto. Pero es ahí donde está la necesidad misma, donde debemos desarrollar nuestro accionar, siendo y encarnando el ser sal y luz. En medio de las densas oscuridades, promoviendo la paz del evangelio del Señor Jesucristo, para poder así contrarrestar la violencia del mundo.

En esto me encontraba meditando, cuando surgió en mi mente algo que nace como un suspiro de mi alma, al menos en el contexto de lo que escribí anteriormente lo siguiente:


Que fracasen, sí, que fracasen. Que fracasen los proyectos de  Iglesias de excelencias estadísticas. Que sucumban las Iglesia perfectas, las con altos índices de calidad, las que tienen grandes inyecciones de capitales y presupuestos gigantescos, que les da, esa falsa sensación de seguridad. Las que están orgullosas de sus logros. Las con grandes ambiciones de poder y que van por el mundo pavoneándose del exitismo de mercado logrado al costo que sea. Que mueran también sus  prestigios a los cuales se desviven. Que mueran las iglesias que ya no necesitan a nadie más, porque creen ya que están completas. Aquellas que creen que les sobra todo y que no necesitan nada.


Yo por mi parte prefiero seguir siendo y participando de la Iglesia frágil e imperfecta, la Iglesia de Jesucristo, dependiente de El y solo de Él. La que no se tranza en la bolsa de valores. La desposeída y desnuda, la carente de gracia propia, ya que solo se ilumina con los destellos de luz de su Creador. La pequeña y marginal, por momentos casi subterránea, forastera. La que nace solo por el poder del Espíritu de Vida y se sustenta de ese mismo hálito. La dispersa por todo el mundo y que se alegra cuando logra reunirse con otros que, al igual que ella, sabe lo que es servir en el dolor y la necesidad. La que aprende en su falta de capacidades. La que lucha cada día que Dios le permite vivir. La imperfecta, que quiere trabajar con gente imperfecta. La que sabe que puede ser fiel solo en lo poquito, ya que solo Dios sabe sobre lo que la pondrá.



[1] Chaquetear es un modismo chileno para hacer referencia a los que por envidia tiran hacia debajo de la chaqueta para que no tengan éxito.

 

Escribir comentario

Comentarios: 2

  • #1

    Esteban (domingo, 19 febrero 2012 18:28)

    Muy buena columna.
    saludos desde Viña del mar.

  • #2

    proyectolatribu (lunes, 20 febrero 2012 12:50)

    Amén!!!

  • loading